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16/11/2006
JUAN FRANCISCO CASAS (Entrevista para la revista Rivadavia)

1º.- ¿Te definirías como un pintor realista? Tu obra puede parecerlo, pero a poco que nos acerquemos a ella descubriremos cientos de matices que le dan una significación más allá del simple retrato de la realidad. ¿nos equivocamos?
Definirse tampoco creo que sea la prioridad de un artista; obviamente el resultado final de mis obras son pinturas y dibujos de corte realista. Desde luego los retratos no son convencionales por que no están planteados como tales. No hay pose, no hay estudio previo, hay azar e ironía, hay risa y extrañeza. Es por lo tanto en este aspecto lo opuesto a cualquier retrato tradicional desde la pintura flamenca hasta David Hockney. El instante congelado de la foto es aquí un momento efímero pasajero y circunstancial, no es un momento detenido y paralizado ex profeso como en otros retratos.
Y a diferencia de estos otros retratos tradicionales, el contexto determina también la imagen, generalmente por la ausencia elíptica de este que resulta aquí significativa y clave. Es decir la narración de los hechos se convierte en elipsis y el espectador no tiene más remedio que cuestionarse por esta: el contexto existe y es importante para saber que pasa en la imagen, pero no se dan las claves para su interpretación. Por lo tanto, las imágenes que constituyen mi obra pictórica representan, partiendo de una estética apropiada de estas fotos domésticas, momentos muy puntuales, de manera separada e independiente del contexto en el que se produjeron, desconectándolos así de la narrativa de la sucesión de apariencias posteriores que es la realidad, y que la dota de sentido y significado. Por medio de la magnificación de la pintura de gran formato de un hecho completamente efímero y puntual, intento por tanto que la imagen sea para el espectador lo que es y fuera del contexto que las originó, en su objetividad, hechos constituyentes así de una insistente sucesión de imágenes pictóricas ajenas a un contexto narrativo, pero que a su vez invitan tanto a la extrañeza como a la risa. Extrañeza por la imagen en sí, descontextualizada, y por el formato, donde lo normal, al ampliarse se convierte en anomalía, en absurdo; extrañeza porque la risa que provocan es una risa incómoda e inquietante, ante un mundo que en ocasiones juega a ser inocente sin serlo; extrañeza porque repetidamente se niega la entrada, participación o completa comprensión de lo que sucede, en su (re)presentación pictórica.
2º.- ¿De qué habla la obra que presentas en Rivadavia? ¿Cuánta obra traes y de qué período?
Son una serie muy amplia de pinturas recientes de gran formato. El título de la expo, Mis(s)behave es un juego de palabras entre misbehave (en inglés, comportarse mal) y por otro lado miss (en inglés, señorita) más behave (en inglés, comportase) es hasta cierto modo bastante explícito. En resumen, mi trabajo se desarrolla a partir de unos referentes fotográficos cotidianos desde los que intento presentar realidades extraídas del contexto que las significan, dejando ver el significado surreal de la propia realidad y por ende del que la habita, viniendo así a cuestionar a ambos, como imágenes y como hechos. Respecto a los dibujos, resaltan sus peculiaridades más técnicas, al ser estas un guiño irónico hacia el espectador. Estas obras, realizadas exclusivamente con bolígrafo Bic azul, juegan con la idea de la técnica y el virtuosismo academicista, resultando la obra paradójica y contradictoria a varios niveles, en el acabado fotográfico por estos medios tan poco comunes en este contexto, pero tan habituales en la vida diaria y en la imagen en si, tan evidentemente azul, subrayando el medio, y conceptualmente, tan cotidiana y banal, pero técnicamente tan cuidada y meticulosa.
3º.- Háblanos un poco, si quieres, de tus fuentes e influencias.
Fotógrafos, pintores, desde Frans Hals hasta Wolfgang Tillmans, y Edwin Wurm, Luc Tuymans, Gerhard Richter… las cosas que me pasan, amigos y amantes, las fotos domesticas, cutres, la saturación de la luz del flash, casi cualquier cosa.
4º.- Y por último, si quieres dirigirte a los posibles visitantes de tu exposición, tienes las páginas del Boletín para ello. Puedes dar unas breves pistas para entender mejor lo que van a ver, o lo que tú mismo desees.
A lo largo de la historia reciente del arte se ha ido en muchos casos de lo general y colectivo hacia lo particular y privado; en cierto modo se ha insistido en un énfasis cada vez mayor en la presencia de la figura del artista, es decir, el arte devino poco a poco en una suerte de autobiografía, circunstancia esta llevada a un extremo en mi obra. Esto lo convirtió de alguna manera en algo que sólo tenía sentido para quien lo practicaba, necesitándose la intermediación del crítico y alejando al artista de la sociedad burguesa. Pero con el paso de las décadas el movimiento moderno fue absorbido por esta misma burguesía, su enemigo original y, como indicó Barbara Rose, convirtiendo el procedimiento en ritual y la crítica del arte en mera retórica. Sin embargo, y ya que en los últimos 30 años los medios grandilocuentes tan utilizados para la subversión en arte han sido perfectamente asimilados por esa burguesía (que como mantenía Adorno, “ya no se indignan con lo radical, sino que se repliegan en la afirmación impúdicamente modesta de que no entienden”), la pintura o el dibujo, medios tan poco sospechosos, pueden representar el bastión último de la individualidad. Así, como afirma Thomas Lawson, si lo que se desea es desarmar convicciones, revolver el pensamiento estándar desde dentro, cuestionar las percepciones convencionales de la realidad a través de la desestabilización de los medios de representación y recuperar la idea de distancia estética como algo valioso, estos medios se pueden manifestar como algo ratificado y aprehensible, como un subterfugio libre de sospecha. La pintura es a estos intereses un disfraz perfecto para minar la certeza de las apariencias. No se nos escapa la ironía inherente a esta postura, pero como ya hemos visto, frente al discurso institucional de lo políticamente correcto, sólo la ironía nos ofrece una resistencia posible. El ejercicio de la pintura o del dibujo es irónico como lo es hoy en día, por ejemplo, cualquier esfuerzo consciente, y lo es mucho más trascendiéndolo, representándolo. Llegados a este punto afirmo, atendiendo a su capacidad de generar y alimentar una poética de la creación o del proceso creativo, la pervivencia y pertinencia tanto de la pintura como del dibujo, que en esta poética, hallándose más vinculada a lo espiritual e intemporal, ni es codificable, ni tiene por qué versar sobre algo predeterminado. Ya que los géneros artísticos deben constituir una mera estrategia taxonómica, ajena a una voluntad  creativa con una propuesta interesante, la pintura y el dibujo siguen siendo unos medios aceptables y válidos para unos determinados fines expresivos, y que cuentan con unas referencias discursivas propias. Frente a los triviales discursos grandilocuentes de lo políticamente correcto sólo la ironía ofrece una resistencia posible. Como reflejo social de una cultura en la que frecuentemente el artista se constituye en satisfecho portavoz de la autocomplacencia, el discurso de la queja, de la minoría o del multiculturalismo como frivolizada declaración estética tan de moda, al creador íntegro le queda la opción de sincerarse, de liberarse de los tópicos que se le aplican a su figura y su labor y replantearse el discurso a través de la ironía y la honestidad de su labor.






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