Juan Francisco Casas
Idiomas
ES | EN


E-MAIL

Contacto para
VENTA DE OBRA
GALERÍA
FERNANDO PRADILLA

E-mail


© Web Design by
Colmenero & Rodríguez



Aviso Legal

17/01/2007
JUAN FRANCISCO CASAS por CARMEN Mª GONZÁLEZ CASTRO

Juan Francisco Casas hace uso del aprendizaje extraído del proceso de vulneración que la posmodernidad, empezando por el minimal, ejerce sobre el objeto artístico tradicional, diversificándolo, desintegrándolo, destruyéndolo y devolviéndole, por último, su condición material.

Pasados por este tamiz, sus pinturas y dibujos generan el espejismo de una ortodoxia que sólo existe en su carga mimética, y que se desmorona en la utilización de medios como el bolígrafo o en la constante elección de temas carentes de la menor trascendencia, entendida en términos convencionales. Según esto, sus obras son una muestra de la imposibilidad de extrapolar ciertos conceptos desde la esfera de lo real a la esfera de lo artístico: lo banal se convierte en trascendente dentro del espacio pintado, donde viene a sustentar el proyecto de Juan Francisco Casas, que se recrea en lo que él llama "hedonismo doméstico",  ignorando ciertos discursos actuales que reivindican una función social que no corresponde al artista. Pinta para sentir el placer que la pintura ofrece como ningún otro medio; por su inmediatez, como la de las escenas que resultan, "momentos muy puntuales, de manera separada e independiente del contexto en el que se produjeron", según él mismo afirma.

Y, sin embargo, no hay interpretación pictórica, no en el sentido de ostensiblemente pictórica; sólo una superficie neutra e impecable. Aparentemente, la interpretación comienza y termina cuando el artista pulsa el disparador de su cámara de fotos.

Visto de un modo superficial, se diría que su trabajo gira en torno al retrato —reconociéndose en él un amplio campo de influencias, desde Frans Hals o Adriaen Brouwer hasta Alex Katz o Eric Fischl—, aunque prescinde de sus características como género artístico. Es un soporte y un medio, pero no un fin. Sus modelos se convierten en instrumentos de escasa individualidad y, al igual que un bolígrafo, un lienzo o un tubo de óleo, en meros vehículos, usados sólo para poner en marcha la experiencia estética, la suya y la del espectador.



Texto anterior

Texto siguiente



Volver